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Hinchas de River Plate lugo de conocerse que la final de la Copa Libertadores sería suspendida
Hinchas de River Plate lugo de conocerse que la final de la Copa Libertadores sería suspendida
AFP

La final del fútbol…

Lamentable, pero por ahora, los vándalos no frenan su accionar y están creando zozobra y terrorismo

La final del mundo”: sugestiva la denominación que le dieron los medios de Argentina a la serie River Plate y Boca Jr., que determina al campeón de Copa Libertadores. Con este atractivo título, ideado desde las hirvientes neuronas de algún sabio pensador, hicieron que desde diversos rincones del orbe se fijaran en esta confrontación, que pone frente a frente a dos clubes prestigiosos del continente.

Para ellos, para su fútbol, su cultura, y sus maneras de mercadear al deporte más popular que se practica en ese país, este encuentro futbolístico entre los ancestrales equipos apareció como la mejor vitrina para mostrar el fervor de las hinchadas, los estadios, los jugadores, las estrategias de los entrenadores y otros ángulos favorables que se viven y perciben en el país del tango y el churrasco.

Pero también, este acontecimiento histórico permitió ver el otro lado de la sociedad y del fútbol de esa querida nación: la violencia que los azota y que ha permeado desde tiempo atrás las estructuras del balompié. Los llamados “barras bravas”, quienes están enquistados subliminalmente, pero que no dejan de ser organizaciones delincuenciales y criminales, con patente de las autoridades y de las juntas directivas de clubes, hacen y deshacen y dejan en entredicho la capacidad de respuesta dirigencial y del Gobierno.

Así quedó demostrado cuando, en la antesala del segundo partido, el bus que trasladaba a la delegación xeneize se aprestaba para ingresar al estadio Monumental fue apedreado por unos cobardes desadaptados, resultando heridos menormente (afortunadamente) varios jugadores del elenco boquense. Aunque, la verdad, el asunto pudo ser peor.

Qué la seguridad falló.  Qué lo uno o lo otro, son excusas baladíes; la realidad, señoras y señores, tiene directa relación con ese mundo sub-bajo tan real que ha tomado una dimensión tan profunda que asusta a propios y extraños. Esa es la cruel realidad.

Lamentable, pero por ahora, los vándalos no frenan su accionar y están creando zozobra y terrorismo, manchando al fútbol y su entorno. Algo que no debiera ser ni existir. Como tampoco debiera ser ni existir la corrupción campante y sonora registrada desde la administración del fútbol mundial, que derivó en el encarcelamiento de los encopetados dirigentes. Cual, si fuera un cáncer, estos problemas afectan la organización y la vida misma del balompié.

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